
La banda sonora que me acompañó durante horas en el tren.
En julio de 2023, en Xining, mi amiga y yo abordamos el tren verde del Ferrocarril Qinghai–Tíbet cerca de la medianoche, rumbo a Lhasa. El tramo entre Xining y Golmud se encuentra a una altitud media de 3.000 metros, y la segunda mitad que es el de Golmud a Lhasa asciende por encima de los 4.000 metros. Por eso, esta es la línea ferroviaria de gran altitud más larga del mundo, conocida como una vía hacia el paraíso.[1]


Incluso en la meseta de cuatro mil metros, dentro de praderas sin límites, el ser humano aún puede encontrar un lugar para vivir.

经幡, las banderas de oración tibetanas, como fuegos artificiales en la meseta, conectan la naturaleza y la creencia religiosa. Según la gente, cada vez que las banderas de oración ondean al viento, equivale a recitar un sutra una vez, transmitiendo constantemente los deseos de la gente a los dioses. Las banderas suelen aparecer con papel lungta, no sólo convirtiéndose en los símbolos de la cultura y la fe budistas tibetanas, sino que también aportando nuevos colores a la meseta tibetana con su cielo azul, su hierba verde y sus montañas nevadas.[2]



Me desperté poco después de las seis de la mañana. Durante más de diez horas después de levantarme, me quedé sentada junto a la ventana, viendo cómo desfilaba el paisaje. Solo recuerdo que cada una o dos horas, cambiaba por completo. Aunque seguían siendo los mismos pastos verdes y ríos fluyendo, cada escena parecía tener un estilo distinto al anterior.


La luz y la sombra en la pradera siempre han sido un tema fascinante, con el flujo cambiante de los colores amarillo y verde, la brillante luz del día y las nubes entremezclándose, esculpiendo trazos de diferentes tonalidades de color en la verde tierra.

Los ríos y lagos son cintas plateadas que atraviesan las verdes praderas, que es la fuente de vida que nutre la hierba y alimenta al ganado vacuno y ovino.



Proyectos de transmisión eléctrica y de otra infraestructura en alta montaña.


Mientras esta es una ruta popular de turismo, donde mucha gente siempre limpian la ventanilla para ver el paisaje con más claridad, para algunos también es un camino de vuelta a casa.

Tras 23 horas de viaje, poco a poco nos acercábamos a Lhasa. Los pasajeros empezaban a recoger su equipaje, preparándose para bajar del tren. Aunque con las chicas tibetanas que compartieron el compartimento solo pasé menos de un día y crucé apenas unas palabras —sin saber siquiera sus nombres— sentí una leve tristeza al despedirme. Tal vez la esencia de viajar también sea eso: encontrarse y separarse. Me pregunto si estarán bien, si ¿seguirán tomando el tren Qinghai–Tíbet cada verano para volver a casa?
[1]孟红.青藏铁路:世界屋脊上的神奇“天路”[J].党员文摘,2019(11):38-40.
[2]Chen Shihua. Structure Analysis of the Religious Flag Symbolic Meaning [J]. The Border Economy and Culture, 2019(01):57-61.
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